La pecera de Flores

(o la pared de vidrio)

Crecimos dentro de una pecera, globo de vidrio que nos agrupaba a todos. Era la pecera del grupo de Flores. El ámbito de la Parroquia. El círculo católico. Fuera de la pecera estaba el mundo, para nosotros, el “otro” mundo.

Mundo totalmente distinto, con libertades inconsebibles para nuestras mentes, con ideas pecaminosas y escandalosas. ¡ Que incongruencia !. Creíamos que este lado era el “verdadero”, el que tenia la verdad, la luz y del otro lado del vidrio habia solo crimen, sexo, divorcio, orgias, pecado , drogas, tinieblas…..Nosotros éramos los buenos; los otros, los malos.

Algunos pocos, entre los cuales me incluyo, mirábamos de vez en cuando para ese lado atravez del vidrio. Éramos los curiosos, queríamos saber más, averiguar más. El ir al cine, mirar la tele, viajar a otros paises, hablar con otra gente, nos acercaba al vidrio, casi hasta tocarlo. Yo no me animaba ni a eso.

Algunos vivian en el centro de la pecera, mirando hacia adentro, de espaldas al vidrio, como no queriendo aceptar que del otro lado habia algo. Otros se acercaban al vidrio, miraban, y abriendo los ojos se alejaban espantados. Otros se volvian meneando la cabeza murmurando algun diagnóstico de locura. Solo algunos pocos, nos mirábamos asombrados con cara de muchas preguntas, pero con una sola a flor de labios: – ¿ Por qué ?.

Algunos se plegaban al grupo, ingresaban al círculo dilecto de los que poseíamos la verdad. Aparecian, viniendo del otro lado del vidrio, atravezándolo como si no existiera, como si fuera, no un vidrio, sino una fina y compacta cortina de humo. Al entrar a nuestra pecera sus caras se transformaban como si hubieran visto a Dios, demostraban alegría, saltaban, gritaban, nos abrazaban, nos tomaban de la mano……… Nosotros, los del borde, nos mirábamos con caras de más preguntas. ¡ Entonces es atravesable!. ¡ No solamente podemos ver sino que hasta podemos ir !. Solo el pensarlo era motivo de pecado.

Aveces la pared se “chupaba” a alguno de nosotros. Cundia la desesperación. Sonaban alarmas, se organizaban rosarios, misas, cánticos, retiros…….Los que vivian en el centro de la pecera decían que esas desgracias ocurrian por estar muy cerca de la pared (nunca reconocieron que era de vidrio), por tentarla a que nos “chupe” hacia el abismo. A los pocos que vivíamos cerca de la pared de vidrio se nos ponia la piel de gallina de solo pensar que nos podia pasar algo así; pero en el fondo los envidiábamos.

A veces volvian. Todos magullados, con dolores por todos lados, tosiendo, sucios, maldiciendo el haber sido tan imprudentes y agradeciendo el haber vuelto. Pero en la mirada habia algo, algo que se contradecia con lo que estaban diciendo, algo que secretamente nos comunicaba a nosotros, los que viviamos al borde , algo que asentiamos solo con la mirada.

Pasó el Tiempo….

Los que vivian en el centro de la pecera siguen allí. Nosotros los del borde, ya no. Fuimos atravesando la pared de vidrio de apoco y de apocos. Un día un brazo, al otro una pierna, después la cabeza, y así hasta que ya no quedo ninguna razón para volver a entrar.

Una vez Uno, otra vez Otro.

Los pocos que viviamos al borde de la pecera fuimos pasando UNO a UNO al “otro” lado.

Y nos dimos cuenta.

Es mas doloroso vivir de este lado habiendo estado adentro.

Pero es mas gratificante.

UNO es UNO.

UNO es el MUNDO.

UNO hace al MUNDO.

Mi mayor sorpresa fue el enterarme que muchos de los que están dentro de la pecera, también estan fuera, y yo los creia viviendo permanentemente en el centro de ella. Mi mayor pérdida fué la sensación de seguridad que se experimenta at estar dentro de la pecera. Mi mayor ganancia fue la sensación de inseguridad que da el ser responsable ante la vida, el ser UNO mismo, el ser YO.

Ahora vivimos afuera de la pecera, disfrutamos del mundo real, modificamos al mundo real, lo hacemos nuestro.

Una sola cosa me preocupa y me alegra a la vez y es el hecho de no habernos alejado mucho de la pecera.

¿ Será por las dudas ?.

© Daniel Horacio Eugenio, 1993