La Facultad

¿ Fue realmente todo tiempo pasado mejor?.

¿ O solamente es una ilusión mental?. (diferente a la óptica).

Cuando recuerdo a mi época de Universitario, si es que al tiempo que va desde que uno ingresa a la Facultad hasta que le entregan pomposamente el diploma se lo puede denominar de esa manera, cuando recuerdo a esa época, repito, me dá la impresión, que la aseveración antes mencionada es solo privativa de cada ser humano y realmente todo tiempo pasado fué mejor, si y solo si uno quiere que asi sea. Mi época Universitaria, o de la Facultad, va desde el año 1975 hasta el año 1985 (creo), aproximadamente y tengo varias posibilidades en orden de “revivir” eso periodo: Dividirlo en un solo periodo (10 años), dividirlo en chiquicientostrillones de periodos infinitesimales o dividirlo en 3 periodos.

Lo dividiré en 3 periodos:

Los tres primeros años: Mezcla de Secundaria y Facultad, esos años se caracterizan por ser de transición paulatina, lenta para algunos y rápida para otros. Para mí, que en el último año de la Secundaria, no estudié absolutamente nada, salvo los últimos meses que van desde Noviembre 1974 hasta Marzo 1975 en los que rendí victoriosamente todas las materias que me habia “llevado”, el cambio fue practicamente nulo; estaba acostumbradísimo a estudiar toda la materia de golpe sin tener que rendir pequeños exámenes. No trabajaba, me dedicaba de lleno a la Facultad. En esa época se cambia de ambiente: Los amigos son nuevos, algunos eran ya amigos antes de entrar a la Facultad pero se encuentran en un nuevo ambiente y en ese ambiente se desconocen entre sí. Se estudia escuchando música (o se escucha música estudiando). Yo particularmente tenia todo el tiempo del mundo, asistia a todas las clases, tomaba infinidad de apuntes, comia en el comedor de la Facultad… recuerdo el olor…, mezcla de comida e imprenta, mezcla de hambre, sudor y ecuaciones con integrales y derivadas, éramos un grupo de conocidos, Alejandro C, Alejandro G., Marcelo, Felipe, Norberto, Roberto, Guillermo y yo, comiamos casi siempre juntos, entre clase y clase, entre exámen y clase, entre clase y nada, entre nada y clase, charlando de esto, de aquello. Cada uno tenia sus visiones, sus esperanzas, sus sueños, sus anhelos, sus ambiciones. Cada uno tenia en mente estudiar algo distinto pues hasta el tercer año las materias eran las mismas para todos: Civiles, electrónicos, mecánicos, lo que sea. Pasábamos la mayor parte del día juntos, discutiendo, estudiando, comiendo, charlando, sufriendo los últimos momentos previos a los exámenes y luego disfrutando el “relax” post-examen. Ese “relax”, estaba acompañado de una mezcla de alegría, tristeza y bronca: alegría por haber aprobado, tristeza por haber fallado y bronca por no haber sabido con suficiente anticipación cuales eran los requerimientos para aprobar ese examen. Pronto ese “relax” desaparecía y asomaba fulgurante el desafio del próximo paso, de la próxima materia a vencer, a veces era inmediato, no daba tiempo al “relax”, otras veces era el comienzo de las vacaciones, vacaciones que normalmente eran interrumpidas a mediados de Febrero para comenzar a estudiar aquellas materias a rendir en los primeros dias de Marzo. (nadie se explicaba como era que existian fechas de exámenes tan “tempranas”.)

Asi pasaron los primeros tres años de Facultad, 75, 76 y 77, con ellos se fueron mis inconscientes posibilidades de quedarme siendo adolescente, con ellos se fueron muchos amigos que se dedicaron a otras carreras o a otra cosa, aburridos de ecuaciones sin sentido práctico, solo quedamos algunos pocos que comenzamos a transitar el lento y escabroso camino de la “Electrónica”, (ciencia del futuro), Alejandro C., Roberto, Felipe y yo. Yo, que además de todo eso comencé a trabajar ocho horas y media por día mas hora y media por día de viaje (de Recoleta a Versailles, de Versailles a Barracas y de Barracas a Recoleta). La Facultad se alejó de mi vida, ya no era todo el día, sino unas pocas horas a la noche, cansado, dormido, podrido atendía esas clases que antaño “disfrutaba” y que ahora me eran supermolestas (realmente no entendia nada ). El cambio fue rotundo para mi. Habia que autolubricarse la mente. Solo iba a la Facultad para enterarme de como iban las cosas, cuáles eran las últimas novedades y de donde habia que estudiar para el examen. Los amigos que no trabajaban y que iban a las teóricas que comenzaban a la 7 de la mañana eran mis agentes, gracias a ellos tenia los apuntes y notas necesarios para la subsistencia. Ese segundo periodo de aproximadamente 4 años fue muy duro, durísimo. Ya no comia en la Facultad, ya no vivia en la Facultad, era un Zoombie que aprovechaba al máximo cualquier ocación para rajarse al bar o a casa a dormir, o a escuchar música ó … ó….ó a vivir. Realmente no los recuerdo con cariño. Me cuesta horrores recordar esos tiempos. Prefiero no hacerlo.

El siguiente periodo de tres años fue distinto. No hubo un cambio radical de un periodo a otro, sino que fue paulatino. En los últimos 3 años la Facultad ya no existia para mi. Estudiaba con Alejandro C. cuando coincidiamos en alguna materia, con el resto nos ayudábamos a la distancia temporal y física. Fué mas lindo, que se yo. Yo ya era un “hombre” y el trabajo era casi mi entera responsabilidad. La Facultad era algo definitivamente secundario y falto de interés. El único interés era el de terminarla lo antes posible y con el menor esfuerzo posible. Ya no interesaba si las notas eran buenas o malas, si lo que aprendia me gustaba o no, si servia o no. Mi vida con ella ya habia terminado . Era como recorrer los últimos metros de una carrera, ellos (los últimos metros) no importan en sí, la victoria está cerca y los eclipsa. Solo recuerdo los placeres de las parciales victorias ante los derrotados exámenes. De mí mismo derrotado no me acuerdo.

Y así paso todo, y un día me encontré frente al último profesor que solo me aprobó por ser el último (Microondas, elegida exprofeso pues la tradición contaba, que siendo el último examen, era aprobado sin más ni más, y fue cierto). Un año después de los huevos y la harina que Alejandro C. gentilmente me ofrendó aquella tarde de felicidad y champagne me encontré con que un absoluto desconocido me entregó el famoso título de Ingeniero Electromecánico orientación Electrónica. Ese fue el final. Nunca más volví a ella.Varias veces estuve a punto de entrar y saludar a las paredes.

Pero….¿ en que época las encontraria…?

Es posible que solo las encontrara en aquel tiempo que fue mejor y no en otro.

© Daniel Horacio Eugenio —- Mayo 1992