El error

por Juan Francisco Casas – Noviembre de 1998

Las estrellas brillaban con gran resplandor y parecían al alcance de la mano. Las espesas nubes de polvo estelar de las galaxias, estallaban en relampagueos, dando vida a nuevas estrellas que quizás, darían vida a otro ser.


Sentado en su sillón, pensativo, veía pasar las estrellas, mientras la inimaginable tecnología, buscaba planetas aptos para la vida. Desde allí, él pensaba, que ya no existía ningún futuro para su raza, y que ni en lejanas galaxias como esta, existían lugares adecuados para albergarlos. Como volviendo de un sueño, observó la existencia de uno muy cercano en el monitor. “Otra falsa esperanza” se dijo a si mismo. Enseguida cambió el rumbo y se dirigió al planeta. Al verlo, miles de recuerdos y alegría lo invadieron. Deslumbrado e hipnotizado observó los océanos y las extensiones de tierra. Bajó la velocidad y comunicó el aterrizaje.


Atravesando las espesas nubes de vapor, buscó una llanura y aterrizó cerca de un lago rodeado de viejos árboles, identificados como alerces, según la computadora. Bajaron y pisaron la hierba, y observaron el desconocido paisaje. Miraron las aves coloridas y bebieron agua natural. Se dividieron en grupos de cuatro personas. Cuatro grupos. Fueron al Norte, Sur, Este y Oeste. Los del Norte, atravesaron velozmente el bosque y unas llanuras, que más adelante se harían más verdes. Los del Oeste encontraron altas cumbres y grandes hielos jamás vistos. Los del Sur encontraron extensiones áridas con pequeños animales que miraban escondidos desde los arbustos. Los del Este avanzaron por llanuras y se encontraron con el océano, que golpeaba los acantilados. Bordearon la costa hacia el norte. Descendieron la velocidad. Estaban rodeados de grandes torres y construcciones destruidas por la acción de la naturaleza, más poderosa que cualquier creación. Había carteles escritos en la antigua lengua. Enseguida llamaron a los otros grupos.


Al estar reunidos caminaron entre las edificaciones, hasta llegar hasta una especie de antigua plaza, ahora tupida por las plantas. Allí ingresaron a un antiquísimo edificio de arquitectura desconocida. En su vacío interior se encontraban colocadas en las paredes montones de imágenes, que mostraban destrucción y miseria, con lluvias extrañas y muerte. En la siguiente galería se mostraban transportes de gigantescas dimensiones, y millones de personas entrando en estos. Uno de los presentes les dijo a los otros: – Estamos aquí, porque es la segunda vez que sucede. No lo hagamos de nuevo.

Copyright: Juan Francisco Casas, 1998